“Con los ojos en el Cielo” Palabras de Jesús

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Poner los ojos en el Cielo significa apartarse un poco de las tareas cotidianas y las pequeñas cosas pendientes, y recordar el panorama general de por qué están en la tierra. Es recordar que están en la tierra por un tiempo muy breve y que pronto vendrán al lugar donde todas las batallas, dificultades y problemas dejarán de importar y no tendrán consigo sino lo eterno y duradero.

Poner los ojos en el Cielo también es recordarme; recordar Mis promesas de amor y consuelo para ustedes y de todo lo que les tengo reservado para cuando termine esta vida. Es lo que quise enseñar a Mis primeros discípulos cuando los animé hablándoles de las muchas moradas de la casa de Mi Padre y diciéndoles que aunque tenía que partir, pronto estarían en el lugar a donde me dirigía y que estaríamos juntos otra vez[2].

Es muy importante conservar esa perspectiva. No pierdan de vista el objetivo celestial pensando solo en los afanes y pruebas de la tierra. Su existencia actual es pasajera; su vida no es más que neblina. Muy pronto, muchas de las cosas que les parecían tan difíciles desaparecerán, y en su lugar recibirán una corona de vida y recompensas eternas por haber aguantado con valor y no perder el rumbo ni la fe.

Pero cuando se olvidan de eso, la vida puede parecerles desalentadora y difícil a veces.Yo mismo comienzo a parecerles muy distante, me veo relegado a su subconsciente y la promesa de que volveré y los recogeré en Mis brazos les parece de muy lejano cumplimiento.

Cuando se olvidan del panorama general, puedo parecerles pequeño e insignificante y todas las cosas del mundo les parecen muy importantes. Por eso deben mantener los ojos fijos en el Cielo y en Mí. Deben recordar que si tienen en cuenta la alegre eternidad que pasarán conmigo, los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que ha de manifestarse en ustedes y ante ustedes[3].

Es preciso que recuerden que todo lo que ocurre en su vida tiene una razón, un plan y un propósito. Lo permito a fin de que cuando vengan a Mi plano hayan aprendido valiosas enseñanzas y adquirido habilidades y conocimientos que no habrían obtenido de otro modo.

No hay nadie que durante su vida en la tierra haya visto todo el panorama o comprendido de lleno la razón de su existencia, por qué llegó a la tierra o por qué existe ésta siquiera. Aunque muchas personas lo han entendido hasta cierto punto, en estos momentos, como dice Mi Palabra, ven «por espejo, oscuramente»[4]. No entenderán a cabalidad los conceptos más grandes hasta el fin de su vida en la tierra, cuando Yo por fin lo revele todo y dé a conocer Mis planes. De todos modos, hasta entonces hay mucho que sí saben, y ciertamente es lo suficiente como para que elijan y decidan con acierto basándose en ello.

Gracias a la información con que cuentan ahora mismo saben que es importante para Mí que mientras estén en la tierra me amen y guarden Mis mandamientos, que amen al prójimo como a sí mismos y aprendan lecciones de amor, que ganen a otras personas para Mi reino e impartan a sus hijos una instrucción positiva para la eternidad. Esas cosas durarán para siempre.

Por consiguiente, deben hacer una pausa de vez en cuando y fijarse en lo que están haciendo que tenga que ver conmigo y con la eternidad. Pregúntense a sí mismos si valdrá la pena por la eternidad, si se trata de algo que podrían llevarse consigo cuando abandonen la tierra, o si pasará y se perderá. Se alegrarán cuando se den cuenta de que aquello en lo que invierten su vida es eterno, perdurará, y que con ello no solo cumplen Mi voluntad, sino que cosechan beneficios que durarán para siempre en el mundo venidero.

Si trabajan por lo que no se desvanece, por lo que tiene un valor eterno, ¡deberían alegrarse de ello! Cobren ánimo sabiendo que emplean el tiempo con prudencia.

Tengan por seguro que cuando esta vida llegue a su fin les espera un Cielo lleno de recompensas y bendiciones por su fidelidad. Pueden tener la certeza de que los amo y de que a medida que trabajan para Mí y me agradan, y manifiestan su fe —que no depende de lo que vean o entiendan—, aprenden lecciones importantes que los beneficiarán en la otra vida.

Sepan que en Mi reino no hay pena, soledad, dificultades, enfermedad, preocupación, muerte, falta de amor ni ninguna de las cosas que tanto pueden pesarles ahora. Teniendo eso en cuenta, pueden afrontar con mayor felicidad sus penas y dificultades del presente, sabiendo que pronto desaparecerán. Mientras tanto, les he prometido que Mi gracia les basta, y pueden negarse a permitir que lo terrenal les impida obtener mientras estén acá lo que perdurará.

Eso es poner los ojos en el Cielo: es saber que hay un mundo mucho mayor y lleno de amor, recompensas, sentido y felicidad, justo después de este terrenal. Cuando ven desde la perspectiva celestial, recuerdan y actúan motivados por lo que tiene verdadera importancia y aquello por lo que vale la pena vivir y preocuparse.

Comparado con la eternidad, todo se ve en su debida dimensión. Qué reconfortante puede ser recordar que por muy dura que se nos haga una batalla, la vida en la tierra no es más que una gota en el mar comparada con la eternidad.

Tienen que parar de vez en cuando a meditar en estos asuntos. Es bueno que se tomen unos minutos para hacer una pausa y pedirme que les ayude a recobrar la perspectiva celestial.

Piensen en lo que les ha causado dificultades o apuros y recuerden que un día, en lugar de eso, obtendrán una recompensa por su fe. Pregúntense si lo que hacen en la vida contribuye a forjar algo eterno que seguirá siendo importante cuando abandonen la tierra. Piensen en lo que aman o lo que les importa en estos momentos; ¿los acompañará en el mundo venidero? ¿O es algo temporal y mundano que habrá de pasar?

Cuando piensen en ello, tal vez vean que les nace el deseo de cambiar de forma de vivir o de hacer ajustes en aquello a lo que dan importancia, basándose en la eternidad y en Mí.

Cuando no se tiene la mira en el Cielo, uno se preocupa más por sí mismo; por su propia felicidad, comodidad, fama, riquezas y orgullo. En cambio, cuando vive para el Cielo, Yo paso a ser lo más importante y recuerda lo pasajero que es buscar la propia satisfacción en el corto tiempo que se está en la tierra.

En la próxima vida de veras se alegrarán de haber vivido para Mí. Resplandecerán como las estrellas si fueron entendidos y enseñaron a muchos la justicia[5]. Se alegrarán por la eternidad por todas las veces que dejaron de lado su propia voluntad y me dijeron que sí. Y un día considerarán lo terrenal como basura comparado con las riquezas eternas del Cielo[6].

Por: Hermano Sol.

 

Myriam AmorAmore

amoramore@outlook.com

comunicaciones@amoramore.co

@MyriamAmoreAmore

 

 

4 pensamientos en ““Con los ojos en el Cielo” Palabras de Jesús

  1. aqui en la tierra estamos de paso,y por eso debemos estar bien ante los ojos de Dios,hacer lo correcto y dar buen testimonio,para cuando partamos al cielo podamos disfrutar y gozar de todo lo que Dios nos tiene preparado.

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